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Artículos de la prensa internacional en los años que rodean a la beatificación de Josemaría Escrivá por Juan Pablo II Enlaces |
AA.VV., 19-29.5.92 (suplementos semanales)
Texto
2. Oggi ci è offerta l'occasione di fissare ancora una volta il nostro sguardo su questa vía salvifica - la via verso la santità - soffermandoci sulle figure di due persone, che d'ora in poi chiameremo «beate»: Josemaría Escrivá de Balaguer, sacerdote, fondatore dell'Opus Dei, e Giuseppina Bakhzta, Figlia della Carità, canossiana. La Chiesa desidera servire e professare tutta la verità su Cristo, desidera essere dispensatrice di tutto il mistero del suo Redentore. Se la via verso il Regno di Dio passa attraverso molte tribolazioni, allora alla sua fine si trova anche la partecipazione alla gloria - quella gloria che Cristo ci ha rivelato nella sua Risurrezione. La misura di tale gloria è data dalla Nuova Gerusalemme, annunziata dalle parole ispirate dell 'Apocausse di Giovanni: «Ecco la dimora di Dio con gli uomini! Egli dimorerà tra di loro ed essi saranno z1 suo popolo ed egli sarà il "Dio-con-loro"» (Ap 21, 3). «Ecco, io faccio nuove tutte le co se» (Ap 21, 5) - dice il Signore glo rioso. La strada verso quella definitiva «novità» di ogni cosa passa, qui sulla terra, attraverso il «comandamento nuovo»: «che vi amiate gli uni gli altri; come io vi ho amato» (Gv 13, 34). Tale comandamento fu a1 centro della vita di due esemplari figli della Chiesa che oggi, nella letizia pasquale, sono proclamati beati. 3. Josemaría Escrivá de Balaguer, nacido en el seno de una familia profundamente cristiana, ya en la adolescencia percibió la llamada de Dios a una vida de mayor entrega. Pocos años después de ser ordenado sacerdote dio inicio a la misión fundacional a la que dedicaría 47 años de amorosa e infatigable solicitud en favor de los sacerdotes y laicos de lo que hoy es la Prelatura del Opus Dei. La vida espiritual y apostólica del nuevo Beato estuvo fundamentada en saberse, por la fe, hijo de Dios en Cristo. De esta fe se alimentaba su amor al Señor su ímpetu evangelizador, su alegría constante, incluso erg las grandes pruebas y dificultades que hubo de superar: «Tener la cruz es encontrar la felicidad, la alegría -nos dice en una de sus Meditaciones-; tener la cruz es identificarse con Cristo, es ser Cristo y, por eso, ser hijo de Dios». Con sobrenatural intuición, el Beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad ý al apostolado. Cristo corvóca a todos a santificarse en lá reàlz dad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación (cf. Dominum et Vivíficantem, 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo Beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo. «Todas las cosas de la tierra -enseñaba- también las actividades terrenas y temporales de los hombres, han de ser llevadas a Dios» (Carta 19.111.1954). «Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi Rey». Esta aclamación que hemos hecho en el Salmo responsorial es como el compendio de la vida espiritual del Beato Josemaría. Su gran amor a Cristo, por quien se siente fascinado, le lleva a consagrarse para siempre a El y a participar en el misterio de su pasión y resurrección. A1 mismo tiempo, su amor filial a la Virgen María le inclina a imitar sus virtudes. «Bendeciré tu nombre por siempre jamás»: he aquí el himno que brotaba espontáneamente de su alma y que le impulsaba a ofrecer a Dios todo lo suyo y cuanto le rodeaba. En efecto, su vida se reviste de humanismo cristiano con el sello inconfundible de la bondad, la mansedumbre de corazón, el sufrimiento escondido con el que Dios purifica y santifica a sus elegidos. 4. La actualidad y transcendeu, cia de este mensaje espiritual, prof undamente enraizado en el Evangelio, son evidentes, como lo muestra también la fecundidad con la que Dios ha bendecido 1a vida y obra de Josemaría Escrivá. Su tierra natal, España, se honra con este hijo suyo, sacerdote ejemplar, que supo abrir nuevos horizontes apostólicos a la acción misionera y evangelizadora. Que esta gozosa celebración sea ocasión propicia que aliente a todos los miembros de la Prelatura del Opus Dei a una mayor entrega, en su respuesta a la llamada a la santificación y a una más generosa participación en la vida eclesial, siendo siempre testigos de los genuinos valores evangélicos, lo cual se traduzca en un ilusionado dinamismo Conocer el Opus Dei |