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Artículos de la prensa internacional en los años que rodean a la beatificación de Josemaría Escrivá por Juan Pablo II Enlaces |
Suplemento Semanal (Madrid), 10.5.92 (entrevista de Tomás García Yebra)
Texto
SUPLEMENTO semanal Número 237, 10 de mayo de 1992 Madrid, España ALVARO DEL PORTILLO Álvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei, rompe su silencio y analizó en una entrevista exclusiva la importancia que tiene, a su juicio,' la beatificación de Monseñor Escrivá el próximo domingo, día 17, en Roma. Monseñor Álvaro del Portillo, prelado del Opus Dei, ha roto su largo silencio para analizar, en declaraciones exclusivas al enviado especial de SUPLEMENTO SEMANAL a Roma, la polémica abierta desde hace semanas en España en torno a la beatificación, el próximo domingo día 17, de Josemaría Escrivá de Balaguer. Texto: Tomás García Yebra Cuando llegué a Roma comprobé que los italianos están muy sorprendidos, pero no por la beatificación de Escrivá de Balaguer, sino por el revuelo que se ha originado en España. De hecho, el Papa Juan Pablo II ha beatificado a más de doscientas personas sin que nadie alzara la voz. La reacción en el resto de Europa es similar. Los periódicos comentan más los exabruptos vertidos por un sector de la sociedad española que el hecho en sí de la beatificación. Tan sólo una revista extranjera, la norteamericana Newsweek, está estirando la situación para crear polémica, abrir viejas rencillas y multiplicar las ventas. Lo que parece claro es que una beatificación, justificada o no, no hace daño a nadie, pero también es claro que detrás de una persona o institución, sí son relevantes o poderosas, se mueven ideologías contrarías, grupos de influencia y emporios económicos a los que les resulta incómodo convivir a su lado. Las críticas más lacerantes acusan a su fundador de soberbio, sibarita, clasista, manipulador y pesado. Un portavoz de la sede del Opus en Roma me dijo que esas acusaciones tienen cumplida respuesta en una frase muy querida de monseñor Escrivá de Balaguer: "Ladran, luego cabalgamos." La frase, sacada del Quijote, resulta ingeniosa, pero la duda -y va a ser difícil resolverla- es hasta qué punto esos ladridos tienen razón de ser. El prelado de la Obra, monseñor Álvaro del Portillo, me recibió en un pequeño salón de la sede del Opus Dei en Roma, situado en un elegante barrio residencial. Durante los breves preámbulos advertí que por su tono de voz, sus ademanes y su cálida mirada es un hombre que debe llevar mucho tiempo en paz consigo mismo. Se interesó por mi familia y se lo agradecí; me preguntó sí era casado y le dije que sí. Estaba a punto de formularme la siguiente pregunta, cuando me adelanté yo en el interrogatorio: Monseñor, ¿qué opinión le merece la campaña desatada contra la beatificación de Josemaría Escrivá de Balaguer? -Me duele, pero no me extraña. Cualquiera que conozca algo de la historia de la Iglesia sabe bien con qué ferocidad se han ensañado algunos hombres contra los santos. Se podrían recordar los padecimientos, acusaciones injustas, campañas difamatorias, enredos eclesiásticos que hubieron de sufrir personas como San José de Calasanz, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa o San Juan de la Cruz. Los santos que han tenido una fuerte incidencia cristiana o un alto espíritu renovador, siempre fueron cuestionados en el tiempo que vivieron. La campaña a que usted alude no hace sino confirmar que la historia, una vez más, se repite. -¿A qué o a quién atribuye usted esa campaña? -A los de siempre. A un grupo muy bien identificado que viene atacando al Opus Dei desde hace muchos años. Lo que les molesta no es tanto la santidad reconocida de monseñor Escrivá de Balaguer, sino el que innumerables personas de todo el mundo quieran enraizar la doctrina de Cristo en la vida cotidiana. Josemaría Escrivá es simplemente un emblema, el símbolo de unas convicciones muy profundas que algunos se empeñan en lesionar. ¿Por qué? Disparidad de criterios, experiencias traumáticas aisladas en las que no se puede tomar a la parte por el todo, y también, sin duda, intereses comerciales. -Algunos no entienden la necesidad de un nuevo beato. ¿Qué aporta su figura al cristiano del siglo XXI? -Partiendo de la premisa de que la vida de monseñor Escrivá fue realmente santa, según reconoce la Santa Sede, su beatificación es muy conveniente por ser portador de un mensaje universal y actual, válido para este siglo y los venideros: que todos los bautizados podemos y debemos santificarnos en la vida ordinaria, en el: ejercicio cotidiano del oficio o trabajo profesional de cada uno en medio del mundo. Miguel Fisac, María del Carmen Tapia, Alberto Moncada y Carlos Albas, entre otros, han hecho comentarios muy desabridos contra la institución y su fundador. -No voy a entrar en polémica. Sería un discurso de réplicas y contrarréplicas interminable. En el ánimo del Opus Dei no está el hacer daño a nadie, sino todo lo contrarío, pero no somos perfectos. De la misma forma que nosotros perdonamos a los que nos zahieren y rezamos por ellos, también pedimos el grado de comprensión a nuestros posibles errores, que seguramente los tenemos. -¿Pero no le parece doloroso que sean precisamente algunos ex miembros de la Obra los que hagan las críticas más duras? -Sí, me parece doloroso, aunque es un fenómeno que se repite constantemente en la historia de la Iglesia. En descargo de la Obra diré que no todos, pero sí una gran mayoría de los que, por una razón u otra, ya no siguen en el Opus Dei, guardan un gran cariño y agradecimiento hacia la Prelatura. Por la puerta de la habitación aparece un premioso sacerdote. Le hace una seña a monseñor Álvaro del Portillo para que, sí ese es su deseo, dé por zanjada la entrevista. Monseñor, con desenfado, le da a entender que nos deje tranquilos. -Al margen de que la beatificación sea justa o injusta, lógica o disparatada, ¿no encuentra una actitud atávica en el español de echar por tierra todo lo suyo? ¿Por qué tenemos una convivencia tan puñetera? -Me viene a la memoria una anécdota del fundador que ilustra un poco lo que me dice. Nada más acabar la guerra civil, monseñor Escrivá tenía costumbre de confesarse con José María García Lahiguera. Un día, vestido de sotana, cogió un taxi y comenzó a charlar con el taxista de lo que había ocurrido en España, de la inutilidad de la lucha y del desastre que había ocasionado a tantas familias. Josemaría postulaba el diálogo, el enfrentamiento verbal ante las distintas posturas ideológicas, pero que éstas nunca explotaran en un río de sangre. E1 taxista permaneció callado ante los comentarios de Josemaría. Al final del trayecto, le preguntó el taxista: ¿Estuvo usted en Madrid durante la guerra? "Sí", le contestó Escrivá. "Lástima que no le hubieran descerrajado cuatro tiros. " Escrivá le pagó la tarifa y al salir le entregó un billete de cinco duros. "¿Tiene usted hijos? ¿Sí? ¿Cuántos? ¿Tres? Bueno, pues ese dinero para que se compren unas chucherías." Esa reacción, me parece, es muy significativa del talante que tenía hacía la vida. -Algunos difieren de ese posible talante y opinan que fue un hombre colérico y déspota. -Era enérgico y con un carácter decidido, de lo contrarío no hubiera podido fundar el Opus Dei en medio de tantas dificultades como tuvo que afrontar. Cuando tenía que corregir, . lo hacía sin sensiblería, pero eso dista mucho del calificativo colérico. Es más, tenía tanto temple de ánimo que en los momentos duros y penosos era cuando más derrochaba simpatía y buen humor. -También le achacan aires de grandeza. ¿Por qué rehabilitó el título de marqués de Peralta? -Para que recayera sobre su hermano Santiago. Fue un gesto de gratitud hacia él y toda su familia, pues tuvieron que hacer muchos sacrificios para que monseñor Escrivá trabajara en su vocación. Debo añadir que, antes de hacerlo, consultó a varios miembros del Opus Dei y a muy altas personalidades de la Santa Sede. El parecer de los consultados, habida cuenta de las intenciones anteriormente explicadas, fue unánime a su favor. -¿Qué rasgo de su personalidad destacaría sobre cualquier otro? -En lo sobrenatural, su hondísimo sentido de la filiación divina en Cristo: saberse hijo de Dios y actuar como tal. Por eso era tan optimista y sereno, algo que le caracterizaba también en lo humano. Fue un hombre de un excelente humor y con una gran simpatía. En pocas palabras, tuvo gracia divina y gracia humana para contagiar la alegría de ser cristianos. -Tengo entendido que usted le conoció en los años treinta. ¿Cambió su personalidad a lo largo de los años? -Sí, lógicamente, pero ni su personalidad ni su designio fundacional del Opus Dei -recibido de Dios- sufrieron cambios esenciales. Quizá el cambio más sensible para mí, a lo largo de los cuarenta años que pasé a su lado, fue el crecimiento continuo de sus virtudes, que fueron en aumento hasta su muerte. -Desde algunas instancias eclesiásticas se ha criticado y se sigue criticando la desusada rapidez con que se ha llevado a cabo el proceso de beatificación. -Antes que nada, habría que ponderar si esas manifestaciones se han hecho con fundamento. Sólo sería criticable la rapidez de una causa de beatificación si, por la prisa, se hubiera descuidado el rigor habitual de sus procedimientos. Puedo asegurar que el rigor metodológico con que se ha actuado ha sido ejemplar. Los tribunales han celebrado más de 900 sesiones, cosa excepcional en un proceso. Por otra parte; esas críticas olvidan que la Iglesia, a raíz del Concilio Vaticano II, es la que ha querido agilizar las causas de beatificación con el fin de proponer a los fieles ejemplos de vida próximos a nuestro tiempo. -Puede ser, pero si es así parece que hay una gran ausencia: Juan XXIII. -Eso se escapa a mi competencia. Yo sólo puedo hablar de los procesos que conozco a fondo. -Algunos ex miembros del Opus Dei se han quejado de no haber sido llamados a declarar. ¿Qué criterio han seguido en la selección? - La postulación del Opus Dei presentó a los tribunales competentes una lista de posibles testigos, y entre ellos estaban personas que habían pertenecido a la Obra. Los tribunales, de acuerdo con las normas generales establecidas, hicieron la selección con plena autonomía y llamaron a los testigos que consideraron necesarios. -¿No es sospechoso que atinaran tan bien en la elección? -Yo no formé parte del tribunal, por lo que no puedo contestar a su pregunta. Además, al ser parte interesada, mi opinión aquí carecería de objetividad. -Se dice que el proceso le ha costado a la Obra una fortuna. -No tanto. Alrededor de treinta millones de pesetas a lo largo de once años, un coste ordinario en todos los procesos. -¿Piensa seguir impulsando el Opus Dei la canonización dé Escrivá de Balaguer? -No corresponde al Opus Dei hacer planes en ese sentido, puesto que depende deque Dios quiera operar un nuevo milagro por la intercesión del beato. Una vez producido el milagro, compete pronunciarse a la Congregación para las causas dé los santos. -¿Me podría contar cómo es su relación personal con el Papa Juan Pablo II? -La que corresponde a un obispo con el Romano Pontífice. Por mi parte, esa relación contiene una adhesión incondicional al Vicario de Cristo y sucesor de Pedro como cabeza visible de la Iglesia. Además, en lo humano, es una relación muy cordial y llena de afecto. De monseñor Escrivá aprendí que el Vicario de Cristo, sea quien sea, ha de ser uno de los grandes amores de todo católico. -¿Y las relaciones con los jesuitas?, ¿son igual de cordiales? -Diría que correctas. Todos buscamos a Cristo, pero los caminos a recorrer no siempre resultan coincidentes. - Cuando hay hambre, parece prioritario enseñar a pescar antes que a rezar. -No es incompatible. Es un error creer que las necesidades humanas son incompatibles con una vida cristiana. -¿Qué relación tuvo monseñor Escrivá de Balaguer con Franco? ¿Es verdad que le predicó unos ejercicios espirituales? -Tuvo una relación bastante limitada. Le vio en contadas ocasiones y le habló como un sacerdote que no hace distinción de personas. Le encargaron que le predicara unos ejercicios espirituales en el año 1942 y lo hizo con la misma entrega con que lo hacía -mientras pudo- a todos los que se lo pedían. -Años después, a finales de los sesenta, el Opus fue uno de los pilares del franquismo. ¿A qué atribuye este acercamiento de Franco a posiciones cercanas a la Obra? -La mejor respuesta se la daría el propio Franco. El Opus Dei da plena libertad para que los fieles de la Prelatura -como católicos que son- decidan en conciencia sus opciones políticas, sociales o culturales. El Opus Dei no tuvo relación alguna con tales nombramientos, ni tampoco con las posturas de oposición al régimen de Franco de otros conocidos miembros de la Obra. -Entonces, ¿por qué los llamó?, ¿porque eran listos? -Ya le digo, se lo tendría que preguntar a Franco. -¿Hablaba monseñor Escrivá de política? -Su programa de vida fue hablar de Dios y difundir la doctrina de la Iglesia. Siempre se mantuvo a una sacerdotal distancia de cualquier contingencia política. -Algunos han atribuido al fundador vivos deseos de ser regente durante los años previos a la muerte de Franco. -Esa es una suposición ciertamente peregrina. Sí no se enfada usted, le diré que su pregunta haría saltar las tumbas de risa. -No sé, yo lo he oído. Entra de nuevo el sacerdote y le vuelve a hacer un gesto de apremio. Le cuento mi única experiencia con el Opus Dei, cuando a los quince años un compañero de colegio me invitó a una enigmática casa en que no había padre ni madre, sino chicos que me parecieron más bien tristes y con el ceño fruncido. -¿Por qué tanto secreto alrededor de la Obra? Yo creo que el misterioso comportamiento de algunos miembros es lo que fomenta la imagen que para algunos tiene de secta. -No hay ninguna razón para ocultar la pertenencia a la Obra y no conozco ningún caso de persona silenciosa o misteriosa. Otra cosa es que vayan pregonando que son del Opus Dei, asunto que me parece tan innecesario como pregonar que uno es ingeniero de caminos. -Hay jóvenes a los que se les permite solicitar la admisión a los catorce años y medio. ¿No le parece una temeridad? -Esta usted confundido. A esa edad sólo se puede ser aspirante, pero no se permite solicitar la admisión en el Opus Dei. Se autoriza sólo a partir de los dieciséis años y medio. Nadie se compromete jurídicamente con la Prelatura antes de los dieciocho años -la mayoría de edad en muchos países-, ni compromisos definitivos antes de los veintitrés. -¿No debería contarse con el parecer de los padres de estos jóvenes? - Cada uno es libre de pedir el parecer a quien desee y en el momento que considere oportuno. Es prudente contar con el de los propios padres, pero a esas edades las personas toman muchas y muy serias decisiones sin que nadie se extrañe. -¿No cree que la Obra contiene algunos dogmatismos e ideas más propias del pasado que. del presente? -Habría que matizar mejor eso de dogmatismos. Si se refiere usted a los dogmas de fe, a las normas morales reveladas por Dios y enseñadas infaliblemente por la Iglesia, el Opus Dei cree firmemente en esas verdades e intenta llevarlas a la práctica lo mejor que puede. Pero tales dogmas y normas no son asunto específico del Opus Dei, sino de la Iglesia católica. El Opus Dei no tiene una doctrina ni una moral propia. Lo que tiene de específico es su espiritualidad, con enormes proyecciones apostólicas para los tiempos actuales y venideros. En los ratos libres, Álvaro del Portillo devora la lectura y pasea por los alrededores de la sede. Le gustan los libros de historia y la filosofía de la ciencia. No lee ningún periódico español y la actualidad de nuestro país la sigue a través de los informativos de televisión, su espacio favorito, y resúmenes de prensa que le preparan sus colaboradores. De la prensa italiana le interesa Il Giornale, un periódico de corte católico, aunque no confesional, que «está muy bien escrito. Saltando de un tema a otro, me cuenta que algunas tribus indígenas de Brasil tienen la imagen de monseñor Escrivá de Balaguer colocada en los árboles. «No saben muy bien lo que representa, pero lo importante es la fe que muestran en sus oraciones.» -Por último, monseñor, ¿cómo ve el futuro de la institución en Europa? -Con gran esperanza. En Europa Occidental estamos impulsando la reevangelización de los países de vieja tradición católica, pues el deterioro moral es una de nuestras constantes preocupaciones. Por otro lado, la labor apostólica en los países del Este está cobrando nueva fuerza. Hace tiempo que tenemos miembros de la Prelatura de esas nacionalidades, pero las nuevas condiciones de libertad religiosa hacen posible un trabajo más estable. Ya en años pasados, a pesar de las trabas y la censura, recibíamos cartas de muchas personas deseosas de conocer el espíritu del Opus Dei. Acabada la entrevista, me invitan a bajar a la cripta, donde se encuentra enterrado el fundador de la Obra, un beato que, sin pretenderlo, ha vuelto a poner en tela de juicio la convivencia de los españoles. Criticándole con saña o defendiéndole con pasión, el que nos está juzgando es él, pues la imagen que estamos ofreciendo es la que parecía ya enterrada, la de la España profunda, la de una corrala habitada por histéricas verduleras. 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